De la mirada atenta del fotógrafo emergen nuevas realidades. Es el que lleva consigo la habilidad de congelar el tiempo y el gesto, transformando el instante efímero en memoria y registro. En reverencia a los grandes fotógrafos brasileños Sebastião Salgado, Luiz Braga y Walter Firmo, Gabriel Lordello investiga su entorno para crear una narrativa visual cargada de memoria y humanidad.
En la fotografía de Lordello paisajes habitados de alegría, resiliencia y fe susurran secretos históricos: niños juegan la pelota frente a la Iglesia de los Reyes Magos, construcción jesuítica del período colonial portugués. Si bien es innegable que las cicatrices del extractivismo colonial están presentes en las manifestaciones populares, el papel de las nuevas generaciones en la cultura popular es fundamental para la protección y preservación de los conocimientos y prácticas que constituyen la esencia de un Brasil profundo y auténtico, cuyas herencias indígenas y africanas se manifiestan en color, movimiento, ritmo y emoción. Este legado cultural late en la sangre de quienes bailan al son de los tambores, quienes aman incondicionalmente, quienes rezan a los santos y quienes celebran la vida en comunidad.
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Las fotografías nos invitan a contemplar la infancia y la madurez con el respeto y la emoción de quien visita lugares para no olvidarse de sí mismo. Así de simple es una narrativa visual con la estética de la poesía. Gabriel crea poesía con imágenes. En este sentido, el escritor brasileño Manoel de Barros compara al poeta con un niño que insiste en llevar agua en un colador. Metafóricamente, Gabriel es el niño, y su cámara es el colador por el que fluyen la libertad y la construcción de significado, más allá de lo que las palabras pueden expresar.